Solo sentí  la perilla de la puerta al cerrarse y darme cuenta que estaba ahí, en medio de la nada, sola igual que siempre, aquel hombre en el que creí ciegamente había traicionado mi entera confianza, no existía más, solo tenia ganas de morir, llorar, perderme en los recuerdos y pensar que todo fue y sera perfecto, -"todo lo que me dijo fue siempre una triste mentira, el amor que decía sentir por mi era todo un engaño"- pensaba y me repetía para no tener que extrañarlo; salí de mi habitación y solo veía soledad, ese amor de mentira dejaba un gran vació de verdad, aquellos días llenaban mi existencia hasta tenía en mente el nombre de los hijos que tendríamos pero solo lo pensé yo...mientras caminaba hacia el estacionamiento no dejaba de pensar en como un hombre que dice amar a una mujer puede entregarse a otra con tanto sentimiento, tal vez fue algo que yo sentí pero que él no sintió. Desapareció de mi vida, se esfumo y pensé que sería para siempre.

En ese momento, cuando empezaba a sentir que ese chico inocente, el de la mirada perdida, la sonrisa amplia que mostraba una dentadura bastante luminosa, de ojos redondos color café, muy muy claritos, el de la amistad incondicional, el que abrazaba mis lagrimas con sus dedos y acariciaba mis cabellos deseando ser el dueño de mi alegría; él nunca dejo de ser quien fue, a quien conocí, quien con una mirada me dijo -"nunca dejare de estar contigo"- y yo no pude verlo, es extraño, uno llega estar cegado por un amor que no lo merece y a esa persona que entrega su silencio, que mata el sentimiento, que llora tu tristeza y muere por tu amor, solo es para ti -"el amigo"- en el que siempre podrás confiar sin miedo a titubear ni equivocarse...quizá debí quedarme en mi oficina aquel día que recibí ese mensaje, quizá nunca debí salir de aquella oficina para encontrarme con aquel hombre que destruyo mis ilusiones y mato mis sueños...

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